La escritura de amor,  es  uno los primeros estímulos para lanzarse a la expresión literaria, lamentablemente, este entusiasmo suele ser un arma de doble filo. Nada que diga el enamorado será muy original, porque todos los enamorados han caído en identicos excesos de adjetivación y promesa. Es decir, que toda esa pasión inconmensurable de los primeros encuentros amorosos no alcanzan para urdir uno de los temas más difíciles de abordar en la literatura. El texto amoroso está siempre en riesgo de caer en un formato común y a veces, tristemente ridículo.

Por ese motivo, hay que leer y buscar en qué medida la escritura del amor,como el amor mismo, han cambiado en sus formas.

Si nos remitimos a Romeo y Julieta, vemos que la estatura del relato no se encuentra en la trama, que tuvo su origen en el poema narrativo de Arthur Brooke, The tragical History of Romeus and Juliet (1562), que por otro lado tuvo su origen también en un cuento italiano de Matteo Bandello (1485-1561). No, no se trata de la trama sino de como shakespeare trabaja los personajes. Harold Bloon puntualiza que: "antes de Shakespeare, el personaje literario cambia poco; se representa a las mujeres y a los hombres envejeciendo y muriendo, pero no cambiando porque su relación consigo mismos, más que con los dioses o con Dios, haya cambiado. "

Lo cierto es que en ese sentido, Shakespeare es un adelantado, un autor que aún en la época medieval, nos anticipa el renacimiento.

Es el personaje que se piensa a sí mismo, el que va a dar cuenta de una literatura que se empeña a partir de allí en buscar respuestas. Ya no por fuera, como marionetas llevadas por el río de la historia y los acontecimientos, sino como entidades, cuya condición humana, apabulla no solamente al público presente o lector, sino también al escritor, que se enfrenta a una de las grandes promesas del texto: saber de la condición humana.

Tal vez por eso, porque el personaje se materializa como el ejecutor de nuestras propias preguntas es que la literatura amorosa nos da un romantico joven Werther, capaz del silencio absoluto frente a la amada y el amor de mayor entrega. La posición del autor en el texto y el lugar de ideal absoluto puesto en el personaje femenino, es la gran cuestión del friso narrativo  "Los sufrimientos del joven Werther" de Johann Wolfgang Goethe. En esta obra, Goethe, recorre el pre-texto de un amor que no llega nunca a consumarse, o amor que se consume en su propio fuego y tragedia.

Hasta allí es el amor que se presenta con una luz irisdicente para ocultar la sombra oscura de la tragedia.

Milan Kundera destaca la trilogía de Hermann Broch, como una propuesta que cuestiona y se postula en las antípodas del ideal amoroso.Uno de los títulos de la trilogia de Broch, es justamente, "Pasenow o el romanticismo",  dónde se pone en escena la caída, justamente, del discurso romántico que nos proponía Goethe. La ilusión cae y el ideal del amor desinteresado se revierte, estrepitosamente cuando el personaje , elige otra cosa, algo así como la conveniencia.

Esta desaveniencia y ruptura con el ideal de amor romántico produce en la literatura, tal vez en la vida, una nueva visión de las relaciones amorosas. Toda "la insoportable levedad del ser" aparece en juego y con ella, surgen "los amores difíciles". 

Estas y las más diversas relaciones surgen de la lectura y comentario de los textos amorosos, en material crítica, ningun texto supera a los ya conocidos "Fragmentos de un discurso amoroso" de Rolland Barthes e "Historias de amor" de  Julia Kristeva.